En la reciente ceremonia de cambio de presidencia de la Confiep,
entidad que agrupa a muchos gremios empresariales del Perú, tanto el
presidente saliente como el entrante hablaron de la importancia de
incluir allí a los medianos y pequeños empresarios. Corroboraron así la
trascendencia del más grande fenómeno social y económico del Perú de los
últimos 20 años, el de las nuevas clases medias. Veamos.
Hoy todos entendemos que el Perú ha cambiado de manera radical. Que
hemos pasado de ser un país mayoritariamente pobre a uno donde las
mayorías pueden satisfacer necesidades superiores, pues si antes estaban
obligadas a gastar todo su ingreso en alimentos y vestidos básicos, hoy
pueden decidir con más amplitud la manera en que usan sus recursos.
Lo que pocos saben es que quizá la mayor parte de esa prosperidad se
ha generado gracias al crecimiento de la pequeña y mediana empresa.
En efecto, inicialmente los millones de migrantes en la periferia de
las ciudades fueron ignorados por las grandes empresas, pues no tenían
capacidad para comprar sus productos y servicios. Ese olvido permitió
que los propios habitantes se organizaran para proveer lo que
necesitaban y nadie ofrecía. En esa situación ideal, de gran necesidad
de productos y servicios y ninguna competencia, se crearon microempresas
que luego pasaron a ser pequeñas, después medianas y algunas incluso
hasta grandes. Y dado que el dinero se gastaba en las mismas zonas donde
se generaba el trabajo, se formó en esa sociedad paralela un círculo
virtuoso de crecimiento de nuevas clases medias. Todo eso mucho antes de
la subida del precio de los metales o de la demanda china.
Posteriormente, algunas empresas tradicionales se empezaron a dar
cuenta de la riqueza que se había creado y comenzaron a dirigirse a esos
sectores. Comenzaron así a llevar sus productos y servicios a los
nuevos consumidores y encontraron que al incluir a las nuevas mayorías
emergentes podían crecer mucho más y ser más exitosos que con solo los
pequeños grupos a los que ya atendían.
Por ello cuando en sus discursos Alfonso García Miró y Martín Pérez,
presidente saliente y nuevo presidente de la Confiep, señalaron la
importancia de incluir en el gremio a los pequeños, no hicieron más que
seguir el camino que el mercado está mostrando desde hace un tiempo a
sus asociados. El de la conveniencia de ir más allá de los grupos
tradicionales.
¿Que no será fácil porque son personas muy distintas? ¿Que se
encuentran muy atomizados y es difícil convocarlos? Ciertamente que sí,
pero esas son las mismas barreras que las empresas que quieren llegar a
las grandes mayorías deben superar cotidianamente. Barreras que saben
que son superables, siempre que se haga con constancia, imaginación y
mente abierta.
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| Rolando Arellano, profesor de Central Católica University. |
Por el contrario, es evidente que con la amplitud todos ganan. Los
pequeños porque tendrán más oportunidades de defender sus intereses, los
grandes porque recibirán la fuerza colectiva de los nuevos, y el país
porque, aunque parezca un cliché, juntos somos más fuertes.
Y, por encima de todo, porque la intención de la Confiep deja muy
claro que más allá de los nombres diversos que se les da, pymes,
emprendedores, talleristas, etc., los empresarios en el Perú no son unos
pocos, sino muchos millones.


