Todo comenzó con un buen hombre, Don Noé Jiménez, quien vivía sumido en una dolorosa pobreza, que lo inhibía de hacer muchas actividades, y disfrutar de la vida. Aquel tipo, vivía vendiendo refrescos, bajo el sofocante sol de Piura, quemándose el lomo: todo, por llevar y mantener a su familia.
Poco a poco, el deseo de superación lo invadió, y luego de un gran esfuerzo y perseverancia, decidió abrir un pequeño restaurante, en el cual, el éxito fue efímero, y no fue suficiente para colmar las expectativas del señor Noé.
Pero él, él no se quedó con los brazos abajo, fue ambicioso, y decidió arriesgar todo, todo lo que tenía, y empezó de nuevo, desde cero, desde abajo. Compró una cantidad determinada de plátanos en el mercado, y comenzó a venderlos en la ciudad. Luego de culminar su venta, vió que había reunido regular cantidad de dinero, e hizo lo mismo el día siguiente.
Con el pasar del tiempo, amasó una gran cantidad de dinero, y abrió su propia chiflería, a la cual le llamó "El Ayabaquino". Le iba bien, con el negocio de los chifles, pero aún así, no estaba satisfecho, y empezó a producir mayor cantidad de dulces y alimentos característicos de nuestra ciudad de Piura, como camotes, algarrobina, natillas, etc.
Fruto de esa dedicación y sacrificio permanente, Noé obtuvo reconocimientos importantes como el del Premio a la calidad en
Suiza y ser considerado como la “Empresa Peruana del Año” por la
Asociación Civil de Empresa Peruana del Año. Hoy, es uno de los 10 casos
empresariales de MYPE (mediana y pequeña empresa) más importantes del
país.
Actualmente es conocido como el "Rey de los Chifles" en Piura, y tiene bien ganado ese título, por nunca perder las ganas de salir adelante, y superarse a si mismo, a pesar de tener todas las de perder.
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